La agorafobia es un trastorno más común de lo que pensamos.

¿Sientes o has sentido alguna vez miedo a los transportes públicos?¿a espacios abiertos o cerrados? ¿a estar en una cola o lugares donde hay mucha gente? ¿has sentido pánico a salir  de casa solo/a? Si la respuesta es afirmativa, es posible que estés sufriendo agorafobia.

La agorafobia es muy común y tiene solución. Más que como un trastorno se puede definir como un modo de vida, en muchos casos, es decir, en muchas ocasiones el miedo domina a la persona y el agorafóbico se adapta a ello.

 

¿Qué es la agorafobia?

Comúnmente se entiende la agorafobia como el miedo o fobia a espacios abiertos, aunque realmente  el significado de agorafobia es más que eso. La palabra agorafobia tiene su origen en los términos griegos de “ágora” que significa plaza y “phobos” que significa miedo.

La definición de agorafobia es un miedo o ansiedad intenso y desproporcionado a dos o más de las siguientes situaciones:

  • Transportes públicos
  • Espacios abiertos
  • Espacios cerrados
  • Estar en una cola o muchedumbre
  • Estarar solo/a, miedo a salir de casa o miedo a salir a la calle.

La persona teme o evita estos lugares, al pensar que escapar puede ser difícil o que no va a obtener ayuda en caso de que ocurran síntomas similares a los del pánico u otros síntomas incapacitantes o embarazosos (por ejemplo, miedo a caerse en personas mayores, pérdida del control de esfínteres, vómito, molestias cardiacas).

Las situaciones agorafóbicas son evitadas o requieren de la presencia de un acompañante o son soportadas con gran ansiedad.

Dentro de la agorafobia se pueden distinguir diferentes tipos de miedo como por ejemplo, evitación de las situaciones temidas, miedo intenso a esas situaciones temidas, suele aparecer ansiedad anticipatoria, es decir, preocupación a sufrir un ataque de pánico o una fuerte ansiedad, miedo al miedo, esto es, miedo a las reacciones corporales…

 

¿Cuáles son los síntomas de la agorafobia?

Entre los síntomas más característicos nos encontramos con: miedo a quedarse solo, a estar en lugares de los que escapar pueda ser complicado o difícil, no salir de casa o no hacerlo solo/a, miedo a perder el control, sudoración, temblores, dolor torácico, mareo o desmayo, palpitaciones…

 

¿Qué es una crisis de pánico?

Ya que la agorafobia y el pánico están muy relacionados, es necesario dejar claro qué es una crisis de pánico y cuándo una crisis de pánico se convierte en un trastorno.

Una crisis de pánico es una aparición súbita e inesperada de síntomas de aprensión, miedo o terror, con una serie de síntomas físicos, por ejemplo, falta de aliento, palpitaciones, opresión torácica, sensación de asfixia… y síntomas cognitivos, miedo a morir, a perder el control, miedo a volverse loco, miedo a ahogarse, asfixiarse, desamayarse o tener un infarto.

Todas estas sensaciones suelen comenzar, de forma brusca y alcanzar su máxima expresión a los 10 minutos. Una vez finalizado la persona experimenta un cansancio intenso y agotamiento físico.

Los síntomas de crisis de pánico son los siguientes:

  1. Palpitaciones
  2. Sudoración
  3. Temblores
  4. Sensación de ahogo
  5. Sensación de atragantarse
  6. Opresión o malestar torácico
  7. Náuseas
  8. Mareo, inestabilidad
  9. Desrealización o Despersonalización
  10. Miedo a perder el control o volverse loco
  11. Miedo a morir
  12. Sensación de entumecimiento u hormigueo
  13. Escalofríos o sofocaciones

Para que se considere crisis de angustia tienen que darse un mínimo de 4 de los 13 síntomas. Cuando se dan menos de cuatro síntomas se considera crisis de angustia sintomática limitada. Para que se de el diagnóstico de trastorno de pánico es importante, además de más de 4 de los síntomas expuestos anteriormente, también que los síntomas aparezcan sin motivo aparente en situaciones incluso consideradas seguras, por ejemplo, durmiendo. Y que al darse los síntomas, aparezca una interpretación de amenaza.

Las crisis se pueden dar también por estímulos ambientales, es decir, aparece justo después de la exposición  o anticipación a un estímulo determinado, por ejemplo, conducir, hablar en público, entrar en un ascensor…

Y también pueden aparecer cuando nos exponemos a ciertos estímulos, por ejemplo, tras un día de mucho estrés.

 

¿A qué edad comienza la agorafobia y a quién afecta?

Se estima que alrededor de un 3,5% de la población mundial padece agorafobia con o sin crisis de angustia.

La agorafobia, sino se trata puede llegar a ser un problema incapacitante, ya que la persona presenta un miedo excesivo a salir solo de casa e ir a cualquier sitio donde no pueda recibir ayuda. La agorafobia representa el 50-80% de la población fóbica que solicita ayuda.

El inicio de la agorafobia suele iniciarse al final de la adolescencia o entre los 25 y 30 años, siendo poco común durante la infancia.

Afecta más a mujeres que a hombres y se dan casos de agorafobia en todas las culturas. Se suele dar más entre la población urbana que la rural.

 

¿Es por tanto, es la agorafobia, lo contrario de la claustrofobia?

Entendemos la claustrofobia como un miedo que se centra unicamente en los espacios cerrados, por ejemplo, ascensores y la agorafobia se ha entendido siempre como miedo a los espacios abiertos, pero no es así, en la agorafobia puede aparecer el miedo a espacios abiertos, pero éste no es el temor principal. El miedo en la agorafobia está más relacionado con sentirse atrapado, indefenso o avergonzado en cualquier sitio donde pueda sufrir un ataque de pánico, o donde no pueda obtener ayuda.

 

¿Cuáles son las situaciones temidas o evitadas más comunes?

Entre las más comunes están los supermercados, centros comerciales, restaurantes, museos, cines, aparcamientos, lugares altos, espacios abiertos (patios, calles anchas…) o espacios cerrados (por ejemplo, túneles o ascensores…), medios de transporte, quedarse solo en casa o en la calle, andar por la calle solo…

Las situaciones no siempre se evitan, a veces se afrontan, con niveles altos de ansiedad o se busca la seguridad o conductas defensivas, como por ejemplo, ir con una persona de confianza, buscar las salidas del lugar en el que se encuentra, llevar tranqulizantes por si aparecen los síntomas de agorafobia

Las conductas de evitación o de búsqueda de seguridad, tienen un efecto reductor de la ansiedad a corto plazo, por lo tanto, las interpretamos como útiles y las seguimos utilizando. El problema está en que todas estas conductas contribuyen a mantener el problema e impiden demostrarse a uno mismo, que no va a suceder nada, por lo que la ansiedad  aumentará y la interpretación catastrofista será mayor.

El miedo y la ansiedad no aparecen solo al enfrentarse a la situación temida, sino que aparece la ansiedad anticipatoria, que puede ser peor que la ansiedad experimentada en la situación temida.

¿La agorafobia aparece siempre con trastorno de pánico?

No, la agorafobia se puede dar independientemente del trastorno de angustia. Para que se de el diagnóstico de agorafobia, ya no es necesario que se den ataques de pánico inesperados. Cuando se da la agorafobia sin pánico, nos referimos simplemente a  fobia.

Aunque se puedan dan por separado, es bastante común que aparezcan juntos, con el nombre de trastorno de angustia con agorafobia.

 

Causas de la agorafobia

 Las causas de la agorafobia todavía se desconocen. Existen varios factores que interactúan entre sí y que hacen más probable su aparición, la vulnerabilidad biológica y la vulnerabilidad psicológica.

Dentro de la vulnerabilidad biológica nos encontramos con el factor genético,  este factor por si solo no hace que aparezca agorafobia, para ello tiene que aparecer la vulnerabilidad psicológica.

Por vulnerabilidad psicológica entendemos una serie de acontecimientos estresantes vividos en la infancia (por ejemplo, estilo educativo sobreprotector, maltrato, falta de cariño por parte de los padres, muerte de un familiar, enfermedad grave…), junto con unas características de la personalidad que pueden contribuir a su aparición, como por ejemplo, tendencia a evitar los problemas, formas ineficaces de afrontar el estrés, falta de asertividad y autoestima, poca confianza en sí mismo/a, intolerancia a la intertidumbre, introversión…

El aprendizaje, la observación y las experiencias negativas directas fuera de cada como por ejemplo, demayo, mareo, sensación de asfixia…también contribuyen a su aparición.

Estas pueden ser las posibles causas sobre por qué desarrollamos agorafobia, pero bien es cierto, que la gran mayoría de personas que desarrollan agorafobia es debido a un proceso de atribución errónea a partir de falsas alarmas, es decir, a raíz de cualquier problema o conflicto que no hemos sabido resolver adecuadamente (por ejemplo, conflicto en el trabajo, problemas de pareja, económicos…) o cualquier alteración médica (bajada de tensión, o de glucosa, cambios hormonales…) experimentamos pánico intenso, si esto sucede en el coche, ascensor, lugares abiertos, cerrados, medios de transporte, asociaremos ese malestar a dicho lugar, y así se produce la asociación.

 

¿Por qué se sigue produciendo la agorafobia?

Se mantiene por la evitación del problema (no ir a los lugares que me producen ansiedad…) y por las medidas de seguridad (no quedarme solo…). Existe la creencia errónea de que el problema desaparecerá al evitar las situaciones temidas, pero sucede justo lo contario. Al evitar las situaciones temidas, el miedo se hará más fuerte, cuanto más se evite, mayor será el miedo.

Los familiares y amigos, con el fin de ayudar, harán lo posible para que la persona no salga de casa y así evitar lo temido, reforzando así aun más ese miedo.

 

¿Tratamiento de la agorafobia?

Entre los tratamientos para la agorafobia cabe destacar el tratamiento psicológico, mediante la terapia cognitvo-conductual. En algunos casos puede ser necesario usar medicación.

 ¿Qué puedo hacer yo por mi cuenta para tratar la agorafobia? ¿Como curar la agorafobia y superarla sin medicación?

Piense en un niño pequeño al que le dan miedo los perros, ¿qué haría para ayudar a ese niño a perder el miedo a los perros?

Tenemos dos opciones, evitando que vea, toque o esté cerca de los perros, haciendo así que el miedo se haga cada vez más fuerte. O por el contrario, enfrentándolo a la situación, es decir, que se acerque poco a poco al perro, para que lo toque y vea que no sucede nada, una vez hecho esto en repetidas ocasiones, el miedo tenderá a desaparecer, con la agorafobia sucede lo mismo.

Para combatir la agorafobia o superar la agorafobia tenemos que empezar a hacer justo lo contrario que hasta ahora. Tenemos que enfrentarnos a las situaciones que nos producen miedo, para ir poco a poco reduciendo ese miedo. Al principio de exponernos a esos miedos que tememos, la ansiedad será mayor, pero el resultado merece la pena.

 

¿Y cómo lo hago si me da tanto miedo?

En primer lugar, vamos a realizar aquellas cosas que nos producen menos miedo, para saber esto, es necesario hacer una lista de aquellas cosas que quiero conseguir, por ejemplo, ir al supermecado, viajar en autobús, acudir a un espectáculo solo/a, se comenzará por lo más fácil y que menos miedo nos provoque, repetimos una y otra vez la exposición hasta que llegue un momento en el que no nos produce miedo, o no tanto como antes.

Pongamos un ejemplo:

La conducta que queremos conseguir es ir a un centro comercial (son lugares grandes y dónde hay mucha gente) al ser una de las situaciones más difíciles, es importante hacerlo gradualmente, es decir, paso a paso, a continuación se pone un ejemplo:

  1. Ir al centro comercial con un familiar o amigo/a a una hora tranquila
  2. Entrar juntos, pero separándose durante un rato.
  3. Ir a hacer una compra, mientras el acompañante se queda fuera, pero a la vista.
  4. Aumenta poco a poco el tiempo que te quedas solo/a en el centro comercial, el acompañante está en el centro comercial, pero no estáis juntos.
  5. Ir y volver solo/a al centro comercial.
  6. Una vez reducido el miedo, es recomendable ir un día concurrido, por ejemplo, un viernes por la tarde o un sábado.

Lo expuesto arriba es solo un ejemplo orientativo. Es muy importante que las jerarquías estén adaptadas a la situación y miedo de cada persona, se pueden añadir o quitar aquellos ítems que no se consideren significativas para la persona.

Tener en cuenta que en cada situación los ítems son diferentes, por ejemplo, dentro del centro comercial pueden aparecer dificultades como colas, sótanos, escaleras mecánicas, ascensores… que hay que tener vigilados, para ello se necesitarán pasos específcos.

 

Conclusión

Cómo hemos visto, la agorafobia es mucho más que miedo a lugares abiertos. Es también miedo a las sensaciones corporales, a estar solo/a en casa, miedo a salir de casa, miedo a salir a la calle, estar en lugares cerrados, los medios de transporte… es decir, miedo a lugares o situaciones donde puede ser difícil escapar y no obtener ayuda facilmente.

Hasta ahora lo más probable, es que hayamos estado haciendo justo lo contrario, en lugar de enfrentarnos a las situaciones temidas, las evitamos, para que así no aparezca la ansiedad, ahora ya sabemos qué tenemos que hacer y cómo. Es un proceso lento, por lo que se pide paciencia y tiempo.

En recomendable siempre ponerse en manos de un psicólogo, donde el problema esté controlado, y así evitar justo efecto contrario al que buscamos.

Más Vida Psicólogos. Itziar Villalba. Psicóloga Sanitaria.

2017-12-07T20:29:15+00:00

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